Nadie se atrevería a suspender a Luciana nada más por sus asuntos personales. Tenía que ser otra cosa.
—Ha sido denunciada de plagio… —respondió Rosa, y le expuso la historia completa, desde el inicio.
Alejandro escuchó en silencio, cada detalle, sosteniendo el teléfono con fuerza.
—Ya veo —murmuró, al final—. Entiendo.
Estaba por colgar cuando soltó una pregunta:
—¿Por qué no me lo notificaste antes?
Después de todo, él había encomendado a Rosa que estuviera al pendiente de Luciana. Aquello no