Al oírle mencionar a Fernando con tanto desprecio, Luciana se quedó perpleja.
—¿Qué tiene que ver Fernando? —preguntó, sin ocultar su molestia—. ¿Por qué lo desprecias así, de la nada?
—¿Te dolió que lo insultara? —replicó Alejandro, con una risa áspera y la mirada encendida—. Vaya, cómo brincas por él.
Luciana pensó: “¡Ya se puso en plan irracional!” y prefirió no desgastarse con discusiones. Lo observó con expresión fría y zanjó la conversación:
—¿Ya terminaste? Cuando acabes de despotricar, p