Aquella frase encendió una chispa en Mónica. «Claro, no era momento de rendirse. Aún poseía ciertos ases bajo la manga.» Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, la determinación reflejada en sus ojos.
—Está tarde, hija. Descansemos —propuso Clara.
—Sí, mamá…
Ambas se giraron para subir, tomadas del brazo, pero en la escalera topaban con el desastre de artículos para bebé tirados por el suelo.
—Tch… —soltó Clara con desprecio, dándoles una patada que los esparció aún más—. Tu padre se vol