Se separó de él y se despidió con la mano:
—Espéranos afuera. Regresaremos pronto.
—Bien —musitó Alejandro, sin despegarle los ojos mientras ella entraba al quirófano.
La puerta se cerró. Desde el exterior, solo quedaba esperar. Alejandro nunca había sentido tan agobiante la lentitud del tiempo. Miró el reloj varias veces, inmerso en el correr de los minutos.
Cerca del mediodía, llegó Sergio:
—Alejandro, aún no sabemos cuánto más durará la cirugía. ¿Por qué no comes algo?
Pero él negó con la cab