Mónica se llevó la mano a la frente, abatida. «Otra vez discutiendo…» Sin embargo, al fijarse en los paquetes que Clara había traído del almacén, se dio cuenta de que eran… artículos para bebé.
Miró a su padre, incrédula:
—¿Papá…? ¿Me estás diciendo que en verdad hay otra…? ¿Y que además, ya hay un bebé de por medio?
Ni modo de culpar a su madre por sospechar; era extremadamente extraño que un hombre en la condición de Ricardo comprara de forma secreta artículos de bebé.
—¡Mónica, hija mía! —sol