—Pero quería verlo, agradecerle personalmente… y Alejandro no entra en razón.
Se dejó caer en el sofá, aferrando un cojín, cada vez más indignada.
—¿Te importa si duermo aquí hoy?
—¿Que si me importa? —Martina rió con complicidad—. Sería un gusto. Nos acomodamos juntas y nos ponemos al día de todo.
—Me parece perfecto.
***
Abajo, un Bentley negro se estacionó lentamente frente al edificio de apartamentos. Alejandro consultó el reloj; eran casi las diez. Por lo general, a esa hora Luciana ya est