—Mónica, ¿es cierto? —insistió con el ceño fruncido, necesitando una respuesta.
Mónica sintió la garganta seca y habló con dificultad:
—Mamá lo que dice es cierto, pero no podemos asegurar que fuera el señor Miguel…
—¿Y quién más podría estar empeñado en que ese niño no nazca? —refutó Clara con vehemencia—. ¡Nadie más que él!
—Mamá… —Las voces se mezclaban en una discusión agitada.
Alejandro, con los ojos cerrados y conteniendo la rabia, se puso de pie.
—Mónica, descansa.
No podía esperar ni un