Una vez en el estudio, se recargó en el sillón y encendió un cigarro.
Enseguida el humo lo envolvió, difuminando sus facciones en la penumbra.
Cuanto más pensaba, más inquietud sentía.
***
A las tres de la madrugada:
Simón miró por el retrovisor hacia Luciana, quien iba sentada en el asiento trasero:
—Luciana, ¿seguimos dando vueltas?
En realidad, lo que habían estado haciendo era conducir sin rumbo.
Apoyada contra la ventanilla, Luciana se sumía en sus pensamientos, sin una idea clara.
—Tal vez