—Muchas gracias, la llevaré yo.
—De acuerdo —respondió la señora, con una sonrisa cálida.
La pareja les había preparado un cuarto en el piso de arriba. Alejandro subió con Luciana, llevándola directamente al baño.
En el interior, el agua caliente ya estaba lista en la bañera, y sobre una silla estaban colocadas una bata y ropa limpia.
—Tómate tu tiempo y entra en calor —dijo, girándose para salir.
—Alejandro —lo llamó Luciana, antes de que cruzara la puerta.
Él se detuvo.
—¿Pasa algo?
—¿Y tú? —p