La anfitriona había preparado la cena con esmero.
Había pastel, verduras asadas, filetes a la plancha, fruta fresca y postres.
Cualquiera que hubiera vivido en el extranjero sabía que este tipo de banquetes se reservaban para celebraciones importantes o para recibir a invitados especiales. Alejandro estaba sinceramente agradecido por ese gesto.
Sin embargo, frente a tanta comida deliciosa, Luciana no tenía ni el más mínimo apetito.
Alejandro lo notó de inmediato.
—Si no quieres comer, no te esfu