—No me preocupa que te molestes —dijo Ivana—. Mientras estuviste en coma, nadie sabía si ibas a despertar. Yo también pensé en el futuro de mi hijo. Pero él me dijo que no podía soltarte, que no tenía cómo empezar otra relación…
Apretó con más fuerza la mano de Martina y la miró con esperanza.
—Martina, todo esto te lo digo con el corazón de una madre —continuó, con la voz tomada—. Te pido otra vez, con toda la cara dura del mundo: Salvador ya cambió. Ahora está contigo al cien por ciento. ¿Podr