Durante los dos días siguientes, Martina se durmió y despertó, volvió a dormirse y a despertar… y siguió igual.
No mejoró.
En su mundo solo reconocía a Salvador.
Por la tarde llegó de nuevo el médico naturista. Le hizo una revisión minuciosa.
A diferencia de la vez anterior, Martina cooperó mucho más; le faltaban seguridad y confianza, y cada tanto miraba a Salvador. Al final, él le tomó la mano. Solo así se calmó.
El médico miró a Salvador.
—Llévela a dar una vuelta.
Era la señal de que quería