—Sí, muy lista.
Salvador se inclinó y la besó.
Martina abrió mucho los ojos, con las manos apoyadas en su pecho.
—Tú…
—¿Yo qué?
Cuando el beso terminó, la miró con las mejillas encendidas y soltó una risa breve.
—Somos esposos. Es normal.
Martina se quedó con la boca entreabierta, sin saber cómo refutar. Tardó en encontrar palabras.
—Estoy enferma. Te estás aprovechando.
—No me aprovecho de ti —le sostuvo el rostro entre las manos y la miró hondo—. Y no voy a permitir que te pase nada.
Esa noche