Apenas Carlos marcó, Alejandro llegó a la casa de los Hernández.
—Señor Guzmán… —Carlos casi no podía con la gratitud—. Pase, por favor. De antemano, gracias por venir.
—No es molestia —dijo Alejandro, entrando al salón.
Les explicó con calma lo que ya sabía.
—Revisé las cámaras del súper. En ningún cuadro aparece Martina saliendo por las puertas.
—¿Qué significa eso? —Laura no entendía—. ¿Que… mi Martina sigue adentro?
—No —Alejandro negó despacio—. La policía ya recorrió todo y no la encontró.