Martina lo miró en silencio, más perdida que cuando se despertó.
“¿Por qué está Salvador aquí? ¿No estábamos divorciados? ¿Por qué se siente como cuando vivíamos en Residencial Jacarandá?”
—Salvador Morán.
—Mm —respondió al instante—. ¿Qué pasó? ¿Te duele algo? ¿Quieres agua, té, lo que sea? Dime y ya. Estoy aquí. Me voy a quedar contigo…
Martina terminó de convencerse: sí, era Salvador.
—¿Qué me hiciste?
La inquietud le trepó por la espalda.
—¿Dónde estamos? ¿Por qué estoy contigo?
—Martina… —é