Cuando Martina volvió a la casa de los Hernández, Luciana pidió a Elena Romero que llevara a Alba de regreso a la villa Herrera. Antes de salir, hizo que la niña se despidiera de cada uno.
Alba repartió abrazos y, al final, se lanzó a los brazos de Martina.
—Tía, ¿tú estás enferma?
Los niños olían lo que los adultos callaban.
—Sí —asintió Martina, sin esquivar la verdad.
—No tengas miedo —dijo la niña, alzando la carita—. Este fin vamos a subir a la sierra. Papá dice que allá hay un santuario. Y