Ya era hora de que lo supieran. Seguramente Marc también había cargado con mucha presión esos días.
—Luciana —la mamá de Martina le tomó la mano—. Gracias… de verdad. Te hemos dado mucha lata.
—¿Cómo cree, señora? —Luciana no aceptó el agradecimiento—. Alba también le ha dado trabajo a usted.
“Entre familia no se llevan cuentas”.
—¿Martina está arriba? —preguntó la mamá de Martina.
—Sí —asintió Luciana—. Se cansaba fácil; si se movía un rato, luego tenía que descansar otro rato.
La familia subió