—¿¿Cómo se te ocurre preguntarme eso? —Estella rio—. Si yo invito para agradecerte, lo justo es que comamos donde tú quieras.
—Bien —Salvador sonrió—. Arriba hay un bistró francés bueno. ¿Lo probamos?
—Va.
—Vamos.
Subieron entre charla y risas. No esperaban que el lugar estuviera tan apretado: sin reserva tocaba esperar turno. A Salvador, por supuesto, no le hacía falta.
—Quédate aquí un segundo —le dijo a Estella—. Voy a buscar al gerente.
—Ok.
Salvador avanzó por el pasillo. Había una hilera d