Martina lo sacó: Fernando.
“Luci, ¿ya entraste? Descansa temprano. Buenas noches.”
Con ese renglón, hasta a Martina se le llenaron los ojos.
Luciana tomó el teléfono y marcó.
—¿Bueno? —contestó Fernando casi de inmediato.
—Fer… —la voz se le quebraba—. Ya llegué. Bue… buenas noches.
—Ajá. Buenas noches —hubo un silencio—. Y que lo que viene para ti sea ligero y bueno. Paz y alegría.
Luciana se cubrió la boca para no romper en llanto. Ajustó la respiración una y otra vez.
—Lo mismo para ti —consi