En el breve silencio, ninguno habló.
Había cosas que ninguno quería decir.
Porque… cuando Domingo cayera, Alejandro tendría que volver a Ciudad Muonio. Y allá, ya no podrían estar como ahora.
Ale la miró en silencio, con la mirada pegada a Luciana; enamorado perdido.
—Por cierto… —ella rompió el clima, tomó el celular.
Por seguridad de Ale, Enzo le había comprado uno nuevo sin SIM. Aun así, podía usar la cámara.
—Le voy a tomar una foto a la casita de jengibre —apuntó al frente—. Cuando regresem