Que su hija llegara o no a reconocerlos ya no importaba.
Lo que inquietaba a Lucy era el futuro de su hija.
En estos días lo había visto con sus propios ojos: Luciana y Alejandro hacían una pareja perfecta, y lo que sentían era real. Muchas veces no necesitaban hablar; con una mirada, con un gesto, sabían qué pensaba el otro, qué iba a hacer. Esa clase de sintonía, Lucy la entendía.
La entendía porque ella también la tenía.
Al igual que Enzo, Lucy estaba muy conforme con Alejandro. Pero ambos sa