También fue idea de Luciana. Como si tuviera en la mano el libreto del destino.
Juan también estaba al tanto y chasqueó la lengua, maravillado.
—Ale, lo de Luciana es de locos… ¿cómo pudo adivinarlo?
Alejandro alzó las cejas, con un dejo de orgullo.
—Tranquilo.
Juan miró a su hermano menor:
—Antes de que despertaras, Luciana ya mandó buscar a Domingo.
Ahora solo quedaba esperar a que Domingo cayera en la trampa, confesara y se hiciera justicia, para limpiar el nombre de Alejandro.
Alejandro, sin