—No sé bien cómo explicarlo… —Luciana frunció el ceño, con una corazonada difícil de nombrar—. Hay que hablar con Enzo. Creo que Domingo es el problema. ¡Encuéntrenlo y vigílenlo!
—De acuerdo.
Alejandro no preguntó más y fue directo con Enzo.
—¿Luciana lo dijo? —confirmó Enzo.
—Sí.
Los dos hombres intercambiaron una mirada. No sabían el porqué, pero confiaban en Luciana sin condiciones.
—Sus palabras exactas fueron: “Si Domingo está en Toronto, manténganlo vigilado y no lo dejen salir. Si no est