Salvador se acercó y, de un vistazo, entendió: Martina había empacado todo lo que podía llevarse. No pensaba volver.
—No exageres, Marc —Martina sonrió—. No es para tanto. Alba tiene mil cosas… con una niña hay que dedicarle una maleta solo a juguetes.
—¿Sí? —Marc soltó una risa sin sospecha.
Al alzar la vista, vio a Salvador—. Qué bueno que estás aquí. Marti a veces se pone terca. Perdón por las molestias.
—No pasa nada —dijo Salvador, tensando la comisura de los labios para que no se le notara