A Salvador se le quebró la mirada de golpe. En el camino de regreso ya lo sospechaba, pero escucharlo de su boca dolía mil veces más.
Se puso de pie, cruzó la sala en dos zancadas y se agachó frente a ella.
—En ese momento Estella se cayó. Tenía un dolor en el vientre, no podía moverse.
—Ajá. —Martina dejó que él le tomara la mano, pero el gesto no le movió un músculo—. Ya me lo dijiste. Fuiste a cuidarla. No tengo problema en entenderlo.
Cuanto más tranquila estaba ella, más pánico le entraba a