—Ven, Ale… ¡arriba!
Luciana lo sostuvo como pudo.
—Ajá —él apretó los dientes y se puso de pie a duras penas, tambaleando—.
—Clavó la mirada en Domingo Guzmán—. ¿Por qué nos dejas ir? ¿Cuál es tu objetivo?
—Ninguno —sonrió leve Domingo—. Solo tengo curiosidad. Ustedes hablan del “corazón humano”, de la “vergüenza”. Yo quiero saber si de verdad existe un amor que no traicione jamás, de principio a fin.
—¿Qué significa eso? —Alejandro frunció el ceño—. ¿Buscas excusas para las porquerías que hicie