El jet lag, sumado a la preocupación, la tuvo en vela hasta el amanecer. Solo entonces, medio adormilada, a Luciana empezó a darle sueño.
Pero Lucy fue a despertarla.
—Luci, despierta.
Le costó abrir los ojos; la cabeza le latía.
—¿Te sientes mal? —Lucy le apartó un mechón de la frente—. Toca aguantar un poquito: levántate a desayunar, resiste hasta el mediodía, duermes una siesta y así por la noche ya te acomodas al horario.
Si no, con el reloj biológico volteado, sería peor.
—Ajá —asintió Luci