—Ahí. —Martina alzó la mano y señaló.
—Listo.
Vicente la cargó hasta la recámara principal, la recostó con cuidado. Aunque habían ido bajo paraguas, la lluvia terminó por alcanzarlos. Él traía medio saco empapado; ella tenía el chal húmedo y el cabello salpicado.
—Marti —le sostuvo los hombros—. Quítate el chal. Húmeda te vas a enfriar.
—…Ok.
Medio ida, dejó que la incorporara. Vicente le retiró el chal y, sin esperarlo, quedó a la vista el vestido de tirantes: clavículas limpias, hombros redond