Él había protegido a esa niña con su propia vida… y aún no la había visto con sus propios ojos.
A Fernando se le encendieron los ojos con la invitación, pero la cautela lo frenó.
—No. Otro día.
Le asustaba emocionarse y despertarla, o, peor, asustarla. Su primera vez con Alba no debía ser a la carrera.
—Está bien —Luciana sonrió con resignación—. Entonces entro…
Justo entonces, el portón se abrió desde adentro. Una figurita regordeta salió disparada y se abrazó a sus piernas.
—¡Mamá! ¡Mamá ya ll