Capítulo 1285
—¡Alba!

Luciana dio un respingo: temía que Fernando no tuviera fuerza y se lastimara con el peso de la niña… o, peor, que se cayeran los dos. Pero Fernando ya había alcanzado a Alba y la alzó.

Al incorporarse, vaciló un segundo sobre los pies.

—Fer… —Luciana estiró la mano para sostenerlo.

—Estoy bien —la detuvo con una sonrisa suave. Respiró, acomodó el peso y quedó firme.

Luciana soltó aire y le devolvió una mirada de ánimo.

Alba, pegada al hombro de Fernando, ajena al pequeño drama de los adu
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