—¿Y eso? —Martina alzó una ceja—. ¿Te da tanto miedo que me enoje?
—Claro. ¿Nunca escuchaste eso de “Esposa feliz, vida feliz”?
—¿Y quién se supone que es tu esposa?
—Ya casi… de hecho, ya es mi prometida…
De pronto, a Salvador se le detuvo la mirada.
En su campo de visión, Estella venía a paso apurado hacia la salida, como si algo hubiera pasado. Y venía directo hacia ellos.
—¡Salva!
—¿Estella?
Estella tenía los ojos enrojecidos: claramente algo andaba mal.
—¿Qué pasó? —Salvador se puso de pie, tomó unas servilletas y se las alcanzó—. No llores. ¿Qué ocurrió?
Estella tomó las servilletas y asintió.
—Es Renato. Creo que le pasó algo.
Al oír ese nombre, Salvador frunció el entrecejo; la expresión se le ensombreció al instante.
Aun así, preguntó: —¿Qué exactamente?
—Es que…
Estos días, Renato Smith no estaba en Ciudad Muonio; de lo contrario, Estella no habría venido sola al cumpleaños.
Renato se había ido a Los Ángeles. Recién, Estella recibió la noticia de que hubo disturbios por la zo