—¿Y eso? —Martina alzó una ceja—. ¿Te da tanto miedo que me enoje?
—Claro. ¿Nunca escuchaste eso de “Esposa feliz, vida feliz”?
—¿Y quién se supone que es tu esposa?
—Ya casi… de hecho, ya es mi prometida…
De pronto, a Salvador se le detuvo la mirada.
En su campo de visión, Estella venía a paso apurado hacia la salida, como si algo hubiera pasado. Y venía directo hacia ellos.
—¡Salva!
—¿Estella?
Estella tenía los ojos enrojecidos: claramente algo andaba mal.
—¿Qué pasó? —Salvador se puso de pie,