Estella la observó sin dejar rastro; pero esa mirada, sin querer, fue atrapada por Martina. Sonrió para disimular.
—Salva, tienes buen ojo. A ver… ¿cómo decirlo? Su vibra es muy especial.
¿Especial?
Martina pensó: seguro es porque se parece a ella.
—Claro. —Salvador, como si no hubiera oído la indirecta, miró a Martina con un punto de orgullo—. Mi Marti es doctora en medicina; inteligentísima.
—¿De veras? —Estella no pudo evitar admirarse—. Con razón… —Le lanzó a Salvador una mirada juguetona—.