Al reconocerla, la quietud de sus ojos se quebró en un segundo; abrió la boca con esfuerzo, intentando hablar.
—Fer.
Luciana dio un par de pasos rápidos y llegó hasta la cama.
Fernando intentó levantar la mano con todas sus fuerzas, pero todavía no pudo; frunció el ceño, frustrado.
Luciana comprendía cada uno de sus pensamientos.
Apretó con suavidad su mano, lo miró y la voz se le quebró.
—Dormiste demasiado tiempo; no te apures, ve despacio…
Tras tres años de coma, Fernando apenas había despert