Al escucharla, Luciana soltó un suspiro de alivio.
—Ay… —suspiró Victoria, la tomó de la mano y le dio unas palmadas—. Fue yo quien no pensó en todo; solo estaba considerando a Fernando.
—Tía, perdón.
—No lo digas así; la que debe disculparse soy yo.
Ya más calmada, Victoria añadió: —De ahora en adelante ustedes tres serán una familia. No es justo cargarle a Alba la responsabilidad de aceptar a Fernando de golpe. Hay que ir paso a paso, darle tiempo.
Sonrió y agregó: —Yo también soy mamá, lo ent