—Tío, ¿tú eres mi papá?
Aunque no entendía muy bien por qué, Alba parecía saber que aquella pregunta no debía hacerse delante de mamá, así que la expresó en un susurro.
Sus grandes ojos, sin embargo, brillaban de expectación.
Resultaba evidente cuánto anhelaba esa respuesta.
Alejandro se quedó pasmado; la boca se le secó y la nuez rodó mientras imitaba el murmullo de la niña.
Lanzó una mirada furtiva hacia el baño: el agua seguía corriendo.
—¿Y por qué preguntas eso?
No se atrevía a soltar un sí