Ana mira el rostro de su madre empalidecer mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Su padre, en cambio, se levanta con el rostro rojo de furia, caminando de un lado a otro en la sala como una fiera enjaulada.
—¡Esto es inaceptable! —brama, golpeando el brazo del sofá con el puño cerrado—. Primero Carlos y ahora… ¿Marcos? ¿Ese malnacido también? ¿Y encima con tu hermana? ¿Tu propia sangre? ¿Cómo es posible que Laura haya hecho esto?
Ana suspira, tratando de mantener la calma, aunque por