Ana rie suavemente, el humor de Gregory la relaja.
—No bromeés.
— No lo hago. Así podrías pagarme más fácil lo que me debes y yo sería muy feliz —le dice, sintiéndose un poco más a gusto.
—Exactamente, te debo mucho —responde ella, riendo.
—Solo si prometes no dejar de escribir puedes darte por paga. Quiero que te dediques a eso y que te conviertas en la autora que mereces ser. Tu libro se ve emocionante con solo leer la sipnosis.
Con un suspiro de gratitud, Ana asintió. El apoyo de Gregory sig