Capítulo 7: Desprecio
Ariadne no supo en qué momento dejó de ser una persona y se convirtió en un accesorio.
Su mente solo recordaba fragmentos: el frío de la sala jurídica, el rasguño definitivo de la pluma sobre el papel, el susurro de Freddie pegado a su oído como una daga.
Cuando el ascensor hizo "tin". Fue entonces cuando levantó la vista y miró aquel pasillo, el cual se le hizo demasiado largo. Una puerta de vidrio con un letrero encima que decía Relaciones Públicas la hizo regresar un poco a la realidad.
Había cruzado la barrera hacia otro mundo, el que la iba a devorar viva.
—Señorita Peterson, ocupo que muestre una sonrisa —indicó una mujer con un auricular, sin levantar la mirada de la tableta. Estaba parada al lado de ella—. No es necesario que sea grande. Solo una simple sonrisa que diga... "Soy feliz".
Ariadne asintió. No discutió. No porque no quisiera gritar, sino porque su garganta estaba hecha ceniza.
Antes de mostrarla a las cámaras, la sentaron frente a un espejo r