52: La peor forma de terminar la noche.
La habitación se sentía fría y silenciosa. Solo la tenue luz de la lámpara de mesa iluminaba el espacio, proyectando sombras largas en las paredes. El aire era espeso, cargado de todo lo que había callado en la cena.
Me sentía enojada y frustrada. Haberlo dejado con ella fue humillante, una derrota que me ardía en el pecho como fuego. No podía dejar de pensar en ellos, en sus risas, en la manera en que sus cuerpos se buscarían en la oscuridad. No podía dejar de maldecirlos por ser tan desgracia