32: Sombras de la familia De Santi.
Me levanté con el sonido de gritos desgarradores. El corazón me dio un vuelco en el pecho y, sobresaltada, me bajé de la cama de un salto. Mis pies golpearon el suelo frío, corrí hacia la puerta de la habitación y la abrí con brusquedad. El pasillo parecía interminable, pero no me detuve: lo atravesé corriendo hasta llegar a las escaleras, bajándolas de dos en dos, con la respiración acelerada.
El origen del alboroto se reveló frente a mis ojos. Allí estaba Valentino, desatado, con los puños en