El Dr. Rafael Miranda levanta la mirada hacia ella por primera vez, gélido:
— Acompañante. Último aviso.
Sofía traga saliva y se queda callada.
Él vuelve hacia ti, con la voz baja solo para tus oídos:
— Si habla una vez más, paro todo. ¿Entendido?
Asientes casi sin que se note.
Él sonríe de medio lado y, como castigo, mete dos dedos de golpe, los abre en V dentro de ti, estirándote al límite sin mover ni un centímetro la sábana.
El pulgar vuelve al clítoris y empieza a frotar fuerte, con ritmo.