— Yo… no sé bien —confiesas, avergonzada—. Nunca pensé mucho en eso. Con él era rápido… directo. Me gustaba cuando era más lento, pero él no tenía paciencia.
El Dr. Rafael inclina ligeramente la cabeza, los ojos azules fijos en tu rostro mientras sus dedos se deslizan más profundo, abriéndote con delicadeza.
— Entiendo. Entonces prefieres cuando el toque es más prolongado… más atento. —Hace una pausa, curvando los dedos de nuevo, como si estuviera confirmando algo—. ¿Y cuando estás sola… cómo t