Días después, no paras de pensar en él. No importa cuánto intentes distraerte —el trabajo, las clases, las charlas con las amigas—, la imagen de él vuelve todo el tiempo. La forma en que te rechazó con esa voz firme. El “no” que todavía resonaba en tu pecho. El sabor del beso que duró solo unos segundos, pero que parecía haber marcado tus labios para siempre.
Por las noches, en la cama, cerrabas los ojos y volvías a sentir el cuerpo grande de él contra el tuyo, la mano en tu cintura… y luego el