Mundo ficciónIniciar sesiónFrancine contuvo el aliento.
Sí, era la invitación. La maldita invitación.
Pero lo que más la desconcertaba no era que él lo hubiera descubierto.
Era la forma en que la hacía sentir, como si estuviera atrapada entre los límites de la culpa y un deseo insano de no irse de allí







