Francine llegó temprano al lugar del desfile, con el corazón acelerado y las manos frías por la expectativa.
El backstage hervía de modelos, maquilladores, costureras y productores corriendo de un lado a otro.
El olor a laca y a tela nueva se mezclaba con el murmullo ansioso, y ella sentía cada latido del corazón resonar en el ambiente.
Estaba tan inmersa en todo que casi tropieza al chocar de frente con Chloé.
Las dos se miraron por un instante que pareció eterno: la mirada de Chloé cargada de desprecio, y la de Francine devolviendo exactamente la misma moneda.
La productora lo notó desde lejos y no dejó pasar la tensión.
—Chicas, necesito profesionalismo. Aquí dentro no hay espacio para disputas personales. ¿Estamos claras?
Chloé fue la primera en responder, con una voz demasiado dulce para sonar sincera:
—Tranquila, fue solo un malentendido. Yo sé ser profesional.
Francine contuvo las ganas de poner los ojos en blanco. Había tanto veneno escondido en esa dulzura que se podía sentir