Finalmente, Julia rompió el silencio:
—¿Vas a seguir fingiendo que todo está bien?
Álvaro la miró, sus ojos reflejaban cansancio y desconfianza.
—No sé de qué hablas.
—De nosotros, Álvaro. De las mentiras, de las ausencias, de las miradas esquivas.
Él suspiró, dejando la taza de café sobre la mesa.
—Tal vez deberíamos dejar de fingir que este matrimonio aún tiene salvación.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire, pesadas, definitivas.
*...
Lorena entró sin anunciarse, como solía hacerlo d