“Y en medio de la guerra, nació la luz”
El aire olía a hospital, a desinfección y a ansiedad.
Pero también a promesa.
Julia tenía los dedos entumecidos de tanto apretar la mano de la enfermera. Las contracciones habían comenzado de madrugada, sigilosas como una revelación. Álvaro no estaba allí. Y aunque habían hecho el pacto de estar juntos por el bien del bebé, Julia decidió no llamarlo.
Esta vez, quería estar sola.
No por orgullo.
Por paz.
Y porque había entendido, como le dijo Maya, que su