Mientras la ciudad ardía en sus pantallas, mientras los nombres de magnates, políticos y ejecutivos caían como piezas de dominó en las portadas digitales… muy lejos del ruido, en un barrio antiguo donde el tiempo parecía moverse más lento, Doña Ana regaba sus plantas en el patio trasero con una parsimonia que rozaba la terquedad.
—No me mires así, muchacho. Estas flores no se cuidan solas —le dijo a Marcelito, que la observaba desde la sombra del limonero con una expresión entre cansada y curio