—¿Y ahora qué va a pasar contigo, Julia? —preguntó Maya, con esa serenidad que en realidad ocultaba una punzada de preocupación.
Julia no respondió de inmediato. Se limitó a mirar el pocillo de café humeante entre sus manos. En la mesa, Doña Ana y Marcelito la observaban en silencio, como si esperaran que su respuesta pudiera alterar el rumbo de todo lo que estaba por venir.
—No lo sé… —murmuró finalmente Julia, sin levantar la vista—. No sé en qué me he convertido… ni qué me queda por salvar.