Era de madrugada. Álvaro se frotaba las sienes mientras las líneas de datos se amontonaban en su pantalla. Llevaba horas navegando por el historial de accesos internos a la red de ASTRIX. Lo que había descubierto no era concluyente, pero sí suficiente para sembrar la semilla de la sospecha.
Lorena, su pasante estrella, su consuelo en noches vacías, había ingresado a carpetas confidenciales sin autorización. Informes financieros, documentos legales, bocetos de una nueva alianza comercial con una